«Oísteis que fue dicho... pero yo os digo»
«Si tuviera que enfrentarme solamente al Sermón del Monte, no dudaría en
decir: "Sí, soy cristiano".»
Mahatma
Gandhi
Cuando Jesús pronunció estas palabras en el Sermón del Monte, no
estaba corrigiendo la Ley de Dios, sino la manera superficial en que muchos la
habían entendido y practicado. Durante años, el pueblo había oído mandamientos,
normas y tradiciones, pero en demasiadas ocasiones la obediencia se había
reducido a una conducta externa que dejaba intacto el corazón.
Por eso Jesús lleva a sus oyentes más allá de la letra y hasta la
raíz de los problemas humanos. Ya no basta con no matar; hay que tratar con la ira. Ya no basta con evitar el adulterio; hay que confrontar los deseos impuros. Ya
no basta con cumplir una norma; hay que
reflejar el carácter de Dios. El
Maestro llama a sus seguidores a una transformación ética profunda, una
justicia que no se conforma con las apariencias, sino que nace de un corazón
renovado.
Cada vez que Jesús dice: «Oísteis que fue dicho... pero yo os digo», nos
invita a abandonar una religión de superficie para abrazar una vida de
verdadera integridad. No se trata solamente de cambiar nuestras acciones,
sino de permitir que Dios transforme nuestras
motivaciones, nuestros pensamientos y nuestra manera de relacionarnos con los
demás.
El mensaje de Jesús sigue siendo un desafío para nosotros hoy: pasar
de una fe que se escucha a una fe que se
vive, de una obediencia
externa a una transformación interior,
de la apariencia de justicia a la
justicia del Reino de Dios.
Esa observación es muy importante. Muchas veces se predica sobre
doctrina, historia, profecía o experiencias espirituales, pero se olvida que la
finalidad de la predicación bíblica no es solo informar, sino transformar
la conducta. El Sermón del Monte es profundamente ético porque
responde a una crisis moral y espiritual de su tiempo.
El contexto que llevó a Jesús a predicarlo parece estar relacionado
con varios factores.
1. Una religión muy desarrollada externamente, pero empobrecida
interiormente
2. La llegada del Reino exigía una nueva humanidad
3. El trasfondo de la ocupación romana
4. Jesús aparece como un nuevo Moisés
5. La preocupación de Jesús por la autenticidad
La
fórmula «Oísteis que fue dicho... pero yo os digo» aparece seis veces
de manera estructurada en Mateo 5.
Los estudiosos suelen llamarlas las seis antítesis, no porque Jesús
contradiga la Ley, sino porque contrasta la interpretación tradicional
con la intención profunda de Dios.
En el judaísmo del siglo I, los rabinos solían enseñar
diciendo cosas como:
- «Rabí Hillel dice...»
- «Rabí Shammai dice...»
- «Está escrito...»
- «Nuestros padres enseñaron...»
Es decir, la autoridad se apoyaba en una tradición
anterior. Un maestro interpretaba la Ley apelando a otros maestros.
Jesús comienza de una forma reconocible para sus
oyentes:
«Oísteis que fue dicho...»
La expresión apunta a una enseñanza recibida por
tradición oral y repetida en las sinagogas. El verbo «oísteis» es
significativo: no dice «leísteis», sino «oísteis», porque la mayoría de las
personas conocía la Ley por medio de la lectura pública y la enseñanza de los
escribas.
Sin embargo, la parte revolucionaria viene después:
«Pero yo os digo...»
Ahí está la novedad.
Un rabino normal habría dicho:
«Pero el rabino Hillel dice...»
o
«Pero la interpretación correcta es...»
Jesús no cita ninguna autoridad superior. Habla en
primera persona y coloca su palabra junto a la tradición recibida.
Por eso el sermón termina diciendo:
«Les enseñaba como quien tiene autoridad, y no
como los escribas» (Mt. 7:29).
Los oyentes no quedaron asombrados solamente por el
contenido, sino por la fuente de la autoridad.
Desde una perspectiva hebrea, podrías decir que Jesús
actúa como un profeta, pero incluso supera el modelo profético. Los profetas
decían:
«Así dice Yahvé».
Jesús dice:
«Pero yo os digo».
No habla como un mensajero que transmite una voz
ajena, sino como el Hijo que interpreta la voluntad del Padre con autoridad
propia.
Hay un detalle muy hermoso. La fórmula tiene dos
movimientos:
- «Oísteis que fue dicho»: la ética heredada, la
religión aprendida, la tradición recibida.
- «Pero yo os digo»: la autoridad viva de Cristo penetrando hasta el
corazón.
Podríamos expresarlo así:
«Jesús no vino simplemente a añadir
otra opinión a las muchas voces religiosas de su tiempo. Vino a reclamar el
derecho de definir por sí mismo lo que significa obedecer a Dios. Mientras los
rabinos citaban autoridades pasadas, Jesús se presentó como la autoridad
definitiva».
Eso explica por qué las seis
antítesis del Sermón del Monte causaron tanto impacto. No era solamente una
nueva ética; era una nueva autoridad hablando. No era solo una interpretación
de la Ley; era el Legislador revelando la profundidad de su propia Ley.
La
palabra antítesis significa literalmente "contraposición" o
"poner una cosa frente a otra". En el Sermón del Monte se utiliza
para describir las seis ocasiones en las que Jesús establece un contraste entre
lo que sus oyentes habían recibido como enseñanza y la profundidad ética que Él
mismo revela:
I.
Del homicidio a la reconciliación
Mateo 5:21-26 Reina-Valera
1960
Jesús y la ira
21 Oísteis
que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable
de juicio. 22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano,
será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será
culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al
infierno (Gehenna) de fuego. 23 Por tanto, si traes tu ofrenda
al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja allí tu ofrenda delante
del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y
presenta tu ofrenda. 25 Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás
con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al
alguacil, y seas echado en la cárcel. 26 De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el
último cuadrante.
La ética tradicional se concentraba
en evitar el asesinato.
Jesús va a la raíz del problema:
- la ira,
- el desprecio,
- el resentimiento,
- la falta de reconciliación.
Principio
ético
No basta con no quitar la vida; hay
que aprender a amar y reconciliarse.
La mayoría de las personas que escuchaban a Jesús podían decir con
tranquilidad: "Yo nunca he matado a nadie". Sin embargo, Jesús les
obliga a mirar más profundo. El asesinato no comienza con un arma en la mano,
sino con una actitud en el corazón.
Hoy ocurre lo mismo.
Podemos no haber golpeado nunca a una persona, pero sí destruirla
con nuestras palabras. Un comentario en redes sociales, una crítica venenosa,
una humillación pública o años de resentimiento pueden convertirse en formas
silenciosas de violencia.
"El bloqueo"
Dos hermanos discutieron por un
comentario en Facebook.
Uno escribió:
"No quiero volver a saber
nada de ti."
El otro respondió:
"Perfecto."
Se bloquearon.
Pasaron cinco años sin
hablarse.
Una noche, la madre enfermó
gravemente y ambos coincidieron en el hospital. Allí se dieron cuenta de que no
recordaban ni siquiera el motivo original de la pelea.
No se habían matado con un
arma.
Pero durante cinco años habían
dejado morir una relación.
Jesús diría: el problema
comenzó mucho antes que el silencio; comenzó en el corazón.
II.
Del adulterio a la pureza del corazón
Mateo 5:27-30 Reina-Valera 1960
Jesús y el adulterio
27 Oísteis
que fue dicho: No cometerás adulterio. 28 Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para
codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. 29 Por tanto, si tu ojo derecho te
es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno
de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. 30 Y si tu mano derecha te es
ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de
tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.
La ética tradicional juzgaba el acto consumado.
Jesús examina el deseo que precede al acto.
Principio
ético
La santidad no comienza en las acciones, sino en el
corazón.
La cultura actual suele definir la pureza
únicamente por los actos visibles. Jesús va más allá y pregunta qué alimentamos
en nuestra mente y nuestro corazón.
Vivimos en una época donde la pornografía,
la cosificación del cuerpo y las fantasías impuras están normalizadas. Muchas
personas creen que mientras no exista una relación física no hay problema.
Jesús enseña que la batalla comienza mucho
antes.
"Solo miraba"
Un hombre le dijo a un amigo:
"Yo jamás he sido
infiel."
Sin embargo, cada noche
escondía el móvil al entrar su esposa en la habitación.
Un día su hijo pequeño le
preguntó:
"Papá, ¿por qué siempre
escondes la pantalla?"
No supo qué responder.
Nunca había cruzado una puerta.
Pero llevaba mucho tiempo
caminando hacia ella.
Jesús enseña que la pureza
comienza mucho antes de los actos.
III.
Del divorcio a la fidelidad matrimonial
Mateo 5:31-32 Reina-Valera 1960
Jesús y el divorcio
31 También
fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. 32 Pero yo os digo que el que
repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere;
y el que se casa con la repudiada, comete adulterio.
Algunos habían reducido el matrimonio a un contrato
fácil de romper.
Jesús devuelve al matrimonio su dignidad y
permanencia.
Principio
ético
Dios llama a la fidelidad y responsabilidad en los
pactos que hacemos.
En tiempos de Jesús algunos buscaban motivos fáciles
para romper un matrimonio. El Señor devuelve a la relación matrimonial su
carácter sagrado.
Hoy vivimos en una cultura marcada por la inmediatez.
Si algo deja de producir satisfacción, se reemplaza.
Muchas veces la mentalidad consumista también alcanza
a las relaciones.
Ejemplo actual:
Una pareja pasa por dificultades económicas, problemas
de comunicación o momentos de desgaste emocional. La cultura suele decir:
"Si ya no eres feliz, termina la relación."
Jesús pregunta:
"¿Has luchado por ser fiel al compromiso que
hiciste delante de Dios?"
Aplicación
La ética del Reino enseña que el amor no es solo
emoción; también es compromiso, perseverancia y pacto.
"La taza rota"
Una mujer rompió
accidentalmente una taza antigua.
Su hija dijo:
"Tírala y compra
otra."
La abuela recogió los trozos y
comenzó a pegarlos.
La niña preguntó:
"¿Por qué te esfuerzas
tanto?"
La anciana respondió:
"Porque hay cosas que se
reparan, no se sustituyen."
Vivimos en una cultura donde
todo es reemplazable.
Jesús nos recuerda que los
pactos son tesoros, no productos.
IV.
De los juramentos a la integridad de la palabra
Mateo 5:33-37 Reina-Valera
1960
Jesús y los juramentos
33 Además
habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al
Señor tus juramentos. 34 Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo,
porque es el trono de Dios; 35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por
Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. 36 Ni por tu cabeza jurarás,
porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. 37 Pero sea vuestro hablar: Sí,
sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.
Muchos pensaban que mientras el juramento estuviera
bien formulado podían manejar la verdad a conveniencia.
Jesús enseña una sinceridad tan profunda que los
juramentos resultan innecesarios.
Principio
ético
El discípulo debe ser tan veraz que su sí valga sí y
su no valga no.
En la época de Jesús existía la
tendencia a reforzar las promesas mediante juramentos.
Jesús enseña algo revolucionario:
El discípulo debe ser tan confiable
que no necesite jurar para que le crean.
Ejemplo actual:
Alguien dice:
"Te prometo por mis hijos que
es verdad."
Pero su historial está lleno de
medias verdades.
Por el contrario, una persona
íntegra puede decir simplemente:
"Sí."
Y todos saben que cumplirá.
Aplicación
La ética del Reino exige
transparencia.
Nuestra palabra debe tener valor en
el hogar, en la iglesia, en el trabajo y en los negocios.
V.
De la represalia al amor sacrificial
Mateo 5:38-42 Reina-Valera 1960
El amor hacia los enemigos
38 Oísteis
que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. 39 Pero yo os digo: No resistáis
al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha,
vuélvele también la otra; 40 y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale
también la capa; 41 y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con
él dos. 42 Al que te pida, dale; y al que
quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.
La ley del talión limitaba la venganza.
Jesús va más allá y propone renunciar al espíritu
vengativo.
Principio
ético
La justicia del Reino prefiere la gracia antes que la
revancha.
La ley del talión pretendía limitar la venganza.
Jesús da un paso más y confronta el deseo de devolver
mal por mal.
Ejemplo actual:
Alguien publica una crítica injusta contra nosotros.
La reacción natural es responder con otra crítica más
dura.
Jesús nos invita a romper la cadena.
Otro ejemplo:
Un compañero de trabajo intenta perjudicarnos.
La voz del mundo dice:
"Hazle lo mismo."
La voz de Cristo dice:
"No permitas que el mal determine tu
conducta."
Aplicación
La madurez espiritual se demuestra cuando tenemos el
poder de devolver el golpe y decidimos actuar con gracia.
"El
hombre del sí"
En una empresa todos desconfiaban unos de otros.
Todos, excepto de Antonio.
Cuando decía:
"Mañana estará terminado",
nadie pedía explicaciones.
Años después alguien le preguntó:
"¿Cómo consigues que todos te crean?"
Respondió:
"Intentando durante cuarenta años que mi sí
siga significando sí."
La integridad no se construye en un día, sino en
miles de decisiones pequeñas.
"El comentario"
Una mujer publicó una reflexión
cristiana.
Pocas horas después recibió un
mensaje cruel y ofensivo.
Escribió una respuesta
devastadora.
Tenía razón en cada palabra.
Antes de enviarla, cerró el
teléfono y oró.
Al día siguiente respondió
simplemente:
"Lamento que estés pasando
por un momento tan difícil. Dios te bendiga."
Semanas después recibió otro
mensaje:
"Gracias por no
responderme como yo merecía."
La venganza multiplica el
dolor. La gracia puede detenerlo.
VI.
Del amor selectivo al amor por los enemigos
Mateo 5:43-48 Reina-Valera
1960
43 Oísteis
que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a
vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os
aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro
Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que
hace llover sobre justos e injustos. 46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No
hacen también lo mismo los publicanos? 47 Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más?
¿No hacen también así los gentiles? 48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los
cielos es perfecto.
Aquí Jesús alcanza la cima de su enseñanza ética.
Amar a quienes nos aman no tiene nada de
extraordinario.
El verdadero carácter del Reino se manifiesta cuando
amamos a quienes nos rechazan.
Principio
ético
El discípulo debe reflejar el amor universal del Padre
celestial.
Las seis antítesis forman una escalera espiritual:
- Ira → reconciliación.
- Lujuria → pureza.
- Divorcio → fidelidad.
- Juramentos → integridad.
- Venganza → gracia.
- Enemistad → amor.
En cada caso Jesús nos lleva de la conducta externa
a la transformación interior. Por eso el gran mensaje de las antítesis
podría resumirse en una sola frase:
«Jesús no vino a rebajar la Ley, sino a profundizarla
hasta alcanzar el corazón humano.»
Esta es la cima del Sermón del Monte.
Amar a quien nos ama es fácil.
Amar a quien nos hiere es un milagro de la
gracia.
Ejemplo actual:
El enemigo quizá ya no sea un soldado romano.
Puede ser:
- un familiar que nos traicionó,
- un vecino conflictivo,
- un jefe injusto,
- un ex amigo que nos dañó,
- alguien que nos calumnió en redes sociales.
La cultura dice:
"Bloquéalo, desprecia su existencia, aléjate
de él para siempre."
Jesús dice:
"Ora por él."
Eso no significa justificar el mal, sino negarse
a odiar.
Aplicación
El amor a los enemigos es la prueba suprema de
que hemos entendido el Evangelio, porque Dios nos amó cuando nosotros éramos
enemigos suyos.
"La nieve"
Un hombre descubrió que su
vecino hablaba mal de él constantemente.
Durante meses soportó insultos
y desprecios.
Una mañana de invierno encontró
la entrada de la casa del vecino cubierta de nieve.
Tomó su pala y limpió el
camino.
El vecino salió sorprendido.
"¿Después de todo lo que
he dicho de ti?"
El hombre respondió:
"Precisamente por
eso."
Aquella mañana la nieve
desapareció de la acera.
Y comenzó a desaparecer también
del corazón de ambos.
Eso es lo que Jesús tiene en
mente cuando habla de amar al enemigo.
Conclusión
general
Las seis antítesis muestran una misma verdad:
- El homicidio comienza con la ira.
- El adulterio comienza con la codicia.
- El divorcio comienza con la falta de fidelidad.
- La mentira comienza con la falta de integridad.
- La venganza comienza con el orgullo herido.
- El odio comienza con un amor limitado.
Por eso Jesús no vino simplemente a corregir
comportamientos. Vino a transformar corazones.
«Oísteis que fue dicho...» mira la conducta externa.
«Pero yo os digo...» penetra hasta las motivaciones más profundas del alma.
"La ética
del Reino no consiste en preguntar: '¿Hasta dónde puedo llegar sin pecar?',
sino: '¿Hasta dónde puedo parecerme a Cristo?'".
Llamamiento final
Hermanos, después de escuchar estas seis antítesis,
quizá algunos podamos decir: "Nunca he matado, nunca he adulterado, nunca
he cometido grandes pecados". Pero el Señor no nos ha preguntado solamente
qué hemos hecho; nos ha preguntado qué hay en nuestro corazón.
Porque el verdadero problema no siempre está en las
manos, sino en la ira que guardamos. No siempre está en los ojos, sino en los
deseos que alimentamos. No siempre está en los actos, sino en las intenciones.
Hoy Jesús vuelve a ponerse delante de nosotros y nos
dice:
«Oísteis que fue dicho... pero yo os digo».
Es como si nos preguntara:
"¿Estás dispuesto a dejar que Mi voz tenga más
autoridad que tus excusas, tus costumbres y la forma en que siempre has
vivido?"
Quizá el Espíritu Santo ha señalado un área concreta
de tu vida:
una relación rota,
una impureza escondida,
una falta de integridad,
un deseo de venganza,
o una persona a la que todavía no has perdonado.
No endurezcamos el corazón.
La grandeza del cristianismo no consiste en parecer
mejores personas, sino en permitir que Cristo nos transforme desde dentro.
Hoy el Señor no nos llama a una ética más cómoda. Nos
llama a un corazón nuevo.
Y cuando la voz de Cristo sustituye todas las demás
voces, entonces deja de ser solamente un sermón que hemos oído, y comienza a
ser una vida que hemos decidido vivir.
Que Dios no encuentre en nosotros solamente oyentes de
sus palabras, sino discípulos transformados por ellas. Amén.

