LAS DOS TROMPETAS: Aprendiendo a distinguirlas
LAS DOS
TROMPETAS: Aprendiendo a distinguirlas
I.
Introducción: Pablo y el problema del sonido incierto
1 Corintios 14:8-9
Reina-Valera 1960
8 Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la
batalla? 9 Así también vosotros, si por la lengua no
diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque
hablaréis al aire.
En la comunidad de Corinto había voces, dones,
impulsos espirituales… pero faltaba algo esencial: discernimiento. Había
sonido, sí, pero no había claridad. Había espiritualidad, sí, pero no había
dirección. Había fuego, sí, pero no había forma.
Por eso Pablo, con la sabiduría de un israelita
que conoce la diferencia entre la trompeta del templo
y el shofar del desierto, escribe:
“Si la trompeta diere sonido
incierto, ¿quién se preparará para la batalla?” (1 Cor 14:8)
Con esta frase, Pablo abre una ventana hacia el
mundo antiguo donde cada sonido tenía un propósito, y donde confundirlos podía significar caos, derrota o extravío espiritual.
(Números
10:2–10) regula la motivación del uso de las trompetas de plata que solo los
sacerdotes podían usar.
2. Dos trompetas, dos voces, dos ministerios
En Israel, el sonido de la trompeta de plata
era claro, afinado, preciso. Era la voz del templo: la voz que organizaba
convocaba, instruía, guiaba. La voz que podía repetirse cada mañana en el
sacrificio continuo. La voz que se afinaba para que el pueblo entendiera...
era una voz valiosa y muy preparada y bien regulada.
Era la voz del templo.
Pero había otro sonido.
El sonido del shofar, el cuerno indomable
que no puede afinarse. Su voz era áspera, temblorosa, impredecible. No
anunciaba rutina: anunciaba ruptura. No marcaba horarios: marcaba intervenciones
divinas. No organizaba al pueblo: lo despertaba.
Era la voz del profeta.
Pablo pide que distingamos los sonidos
Cuando Pablo dice que la trompeta debe sonar con
claridad, está diciendo algo más profundo:
“No confundáis los ministerios. No
mezcléis las voces. No pretendáis que todo sonido espiritual cumpla la misma
función.”
1-La enseñanza diaria debe sonar como trompeta
afinada: clara, comprensible, ordenada, edificante.
2-La profecía debe sonar como shofar indomable
(para nada manipulada): es una trompeta cruda, directa, urgente,
despertadora.
Pero si la trompeta del templo suena como shofar,
el pueblo se confunde. Y si el shofar intenta sonar como trompeta, pierde su
filo profético.
Por eso Pablo pide discernimiento: distinguir los sonidos es distinguir los ministerios.
veremos:
- cómo la trompeta afinada representa la voz
del templo,
- cómo el shofar indomable representa la voz
del profeta,
- y cómo Pablo, en su enseñanza apostólica, nos llama a discernir
ambas voces para que la iglesia no viva en confusión, sino en claridad
espiritual.
3-LAS
DOS TROMPETAS EN LA LEY DE MOISÉS (Una narrativa desde Números 10)
Números 10:2
Reina-Valera 1960
2 Hazte dos trompetas ḥaṣoṣeráh de plata; de obra de martillo las
harás, las cuales te servirán para convocar la congregación, y para hacer mover
los campamentos.
Estas trompetas no son decorativas. Son instrumentos de gobierno espiritual. Cada
sonido tiene un significado. Cada toque tiene una función. Cada señal organiza
la vida del pueblo.
1. Primera trompeta (ḥaṣoṣeráh): convocar a la asamblea
Cuando los sacerdotes tocan una sola trompeta,
el sonido es claro, afinado, reconocible. Ese sonido convoca a los príncipes, a
los líderes, a los que deben escuchar instrucciones.
Números 10:3
Reina-Valera 1960
3 Y cuando las tocaren, toda la congregación se reunirá ante ti a la puerta
del tabernáculo de reunión.
Es la voz del orden. La voz de la enseñanza.
La voz que reúne para escuchar la Palabra.
2. Segunda trompeta: mover el campamento
Cuando las dos trompetas suenan juntas, el sonido
es más fuerte, más penetrante. Ese sonido no reúne: pone en marcha.
“Cuando las toquen con sonido de
alarma, entonces moverán los campamentos…” (Núm 10:5)
Es la voz del movimiento. La voz de la dirección.
La voz que dice: “Es tiempo de avanzar”.
-Las dos trompetas son avisos similares y pueden
trabajar juntos o por separado.
3. Tercera función: guerra
Cuando el enemigo se acerca, las trompetas no
suenan para enseñar ni para marchar. Su sonido se convierte en alarma de
guerra.
“Cuando salgáis a la guerra…
tocaréis alarma con las trompetas ḥaṣoṣeráh …” (Núm 10:9)
Es la voz de la intercesión. La voz que
clama: “¡Dios, acuérdate de nosotros!”.
4. Cuarta función: adoración y fiesta
En los días de gozo, sacrificio y celebración,
las trompetas acompañan la adoración.
“En vuestros días de alegría…
tocaréis las trompetas ḥaṣoṣeráh sobre vuestros holocaustos…” (Núm
10:10)
Es la voz de la fiesta. La voz del culto
diario. La voz del templo.
Hasta aquí, Moisés nos muestra una sola categoría:
1-LAS TROMPETAS DE PLATA. La voz del
templo. La voz afinada. La voz del orden.
Pero Israel tenía otro instrumento, uno
que no aparece en Números 10, porque no pertenece al sistema sacerdotal: el shofar, el cuerno de carnero. Nunca aparece la palabra shofar en
este capítulo.
Las ḥaṣoṣerot (plural) del capitulo 10 de Numeros
son:
· fabricadas (no naturales)
· de plata (metal precioso)
· rectas (no curvas)
· afinadas (sonido controlado)
· sacerdotales (solo los hijos de Aarón las tocaban)
· litúrgicas (parte del culto diario)
· administrativas (convocan, organizan, dirigen)
Son la voz del orden, de la estructura, de la enseñanza diaria.
2-EL
SHOFAR: LA VOZ QUE NO SE PUEDE AFINAR.
El shofar no se fabrica: se encuentra.
No se
pule: se acepta.
No se afina: se sopla tal como es.
Su sonido no convoca a la asamblea.
No organiza el campamento.
No acompaña el sacrificio diario.
El shofar aparece cuando Dios interrumpe la rutina:
En Sinaí, cuando Dios desciende. Éxodo 19:16–19
“El sonido del shofar iba aumentando en extremo… y Dios descendió sobre el
monte Sinaí.”
En Jericó, cuando
Dios derriba murallas. Josué 6:4–20
“Cuando oigáis el sonido del cuerno de carnero shofar … el muro de
la ciudad caerá.”
En Yom Teruá,
cuando Dios despierta al pueblo. Levítico
23:24
“Será para vosotros día de reposo, memorial al son de teruá.”
En el Jubileo,
cuando Dios libera a los cautivos. Levítico
25:9–10
“Haréis pasar el sonido del shofar… y proclamaréis
libertad en toda la tierra.”
En los profetas,
cuando Dios anuncia juicio. Amós
3:6
“¿Se tocará el shofar en la ciudad sin que el pueblo se sobresalte?”
Joel 2:1
“Tocad shofar en Sion… porque viene el día de JEHOVA.”
Aquí el shofar no celebra: advierte.
No organiza: alerta.
Es la voz del juicio,
el sonido que anuncia que Dios está por intervenir en la historia.
El shofar es la voz de la intervención divina, no de la administración
sacerdotal.
El shofar es la voz de la intervención divina, no de la administración sacerdotal.
El shofar es la voz de la intervención divina, no de la administración sacerdotal.
Cuando suena el shofar:
· Dios desciende (Sinaí).
· Dios derriba (Jericó).
· Dios despierta (Yom Teruá).
· Dios libera (Jubileo).
· Dios advierte (Profetas).
Por eso no puede afinarse. Porque no es la voz del hombre, sino la voz de Dios irrumpiendo... EL SHOFAR lo
pueden portar personas que tu consideras no preparadas ni afinadas.
El amanecer cae sobre el campamento de Israel.
Los sacerdotes salen del tabernáculo con dos ḥaṣoṣerot,
trompetas de plata. Son instrumentos afinados, fabricados según orden divina.
Su sonido organiza la vida del pueblo.
Pero en otro momento, cuando Dios desciende en Sinaí, no suenan las ḥaṣoṣerot.
Suena el shofar,
el cuerno indomable que no se puede afinar.
Ese sonido no organiza: despierta.
No convoca: estremece.
No dirige: revela.
Dos instrumentos. Dos sonidos. Dos ministerios.
EL SHOFAR: LA VOZ QUE NO SE PUEDE
AFINAR El shofar no se fabrica: se
encuentra. No se pule: se acepta. No se afina: se sopla tal como es. Su sonido
no convoca a la asamblea. No organiza el campamento. No acompaña el sacrificio
diario.
El shofar aparece cuando Dios
interrumpe la rutina:
En Sinaí, cuando Dios desciende.
En Jericó, cuando Dios derriba murallas.
En Yom Teruá, cuando Dios despierta al
pueblo.
En el Jubileo, cuando Dios libera a los
cautivos.
En los profetas, cuando Dios anuncia
juicio.
El shofar es la voz de la intervención
divina, no de la administración sacerdotal.
LAS DOS TROMPETAS: Aprendiendo a distinguirlas
(Aplicación a los dones y ministerios)
1 Corintios 14:8–9 — Pablo pide claridad de sonido
1 Corintios 14:8-9
Reina-Valera 1960
8 Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la
batalla? 9 Así también vosotros, si por la lengua no
diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque
hablaréis al aire.
En Corinto había:
- voces,
- dones,
- impulsos espirituales,
- profecías,
- lenguas,
- enseñanzas…
Pero faltaba discernimiento.
Había sonido, sí… pero no había claridad.
Había fuego, sí… pero no había forma.
Había espiritualidad, sí… pero no había dirección.
Por eso Pablo, que conoce la diferencia entre la trompeta
afinada del templo y el shofar indomable del profeta, escribe esta
frase que abre todo nuestro estudio:
“Si la trompeta diere sonido
incierto…”
Pablo está diciendo:
“No confundáis las voces espirituales. No
mezcléis los sonidos. No pretendáis que todos los dones funcionen igual.”
3-TROMPETAS Y SHOFAR HOY EN LA IGLESIA.
DOS TROMPETAS, DOS VOCES, DOS MINISTERIOS
1. La trompeta de plata — la voz del templo
En Israel, el sonido de la trompeta de plata (ḥaṣoṣeráh) era:
- claro,
- afinado,
- preciso,
- repetible,
- comprensible,
- ordenado.
Era la voz del templo:
- convocaba,
- organizaba,
- instruía,
- guiaba,
- dirigía,
- estructuraba.
Era la voz del ministerio didáctico, del maestro,
del pastor, del predicador que enseña la Palabra con claridad.
Es la voz que Pablo exige en 1 Corintios 14: palabra
comprensible, sonido claro, mensaje entendible.
2. El shofar — la voz del profeta
El shofar es el cuerno indomable que no puede
afinarse.
Su sonido es:
- áspero,
- tembloroso,
- impredecible,
- crudo,
- urgente,
- despertador.
No anuncia rutina: anuncia ruptura.
No marca horarios: marca intervenciones
divinas.
No organiza al pueblo: lo despierta.
Es la voz del profeta.
PABLO PIDE QUE DISTINGAMOS LOS SONIDOS
Cuando Pablo dice que la trompeta debe sonar con
claridad, está diciendo algo más profundo:
“No confundáis los ministerios. No mezcléis las
voces. No pretendáis que todo sonido espiritual cumpla la misma función.”
La enseñanza diaria debe sonar como trompeta afinada
- clara,
- comprensible,
- ordenada,
- edificante.
La profecía debe sonar como shofar indomable
- cruda,
- directa,
- urgente,
- despertadora,
- no manipulada,
- no domesticada.
Pero si la trompeta del templo suena como shofar,
el pueblo se confunde. Y si el shofar intenta sonar como trompeta, pierde su
filo profético.
Por eso Pablo pide discernimiento:
Distinguir los sonidos es distinguir los
ministerios.
4-¿SE REFIERE A DIVERSIDAD DE
MINISTERIOS O A DIVERSIDAD DE VOCES EN EL MENSAJE?
Aquí está la clave que debemos dejar clarísima:
1. Pablo habla de diversidad de ministerios
Porque en 1 Corintios 12–14 él distingue:
- maestros,
- profetas,
- evangelistas,
- lenguas,
- interpretación,
- palabra de sabiduría,
- palabra de ciencia.
Cada uno es una trompeta distinta.
2. Pablo habla también de diversidad de voces dentro del mensaje
Porque incluso dentro del ministerio de un
maestro o predicador, hay momentos donde Dios sopla como trompeta afinada
y momentos donde sopla como shofar profético.
Un predicador puede:
- enseñar como trompeta,
- corregir como shofar,
- exhortar como trompeta,
- despertar como shofar.
Pero no debe confundir los sonidos.
APLICACIÓN A LOS DONES ESPIRITUALES
La trompeta afinada corresponde a:
- enseñanza,
- doctrina,
- predicación expositiva,
- palabra de sabiduría,
- palabra de ciencia,
- interpretación de lenguas.
El shofar indomable corresponde a:
- profecía,
- exhortación urgente,
- revelación,
- advertencia,
- corrección divina,
- despertar espiritual.
Ambos son dones del Espíritu. Ambos son
necesarios. Pero no son intercambiables.
En la Ley de Moisés, las dos trompetas son:
- ḥaṣoṣeráh → voz del templo, afinada, ordenada.
- shofar → voz
profética, indomable, divina.
En el Nuevo Testamento, estas dos trompetas se
convierten en:
- la enseñanza apostólica → clara, comprensible, edificante.
- la voz profética y
escatológica → urgente,
despertadora, reveladora.
Pablo no pide que suenen igual. Pide que sepamos
distinguirlas.
La iglesia necesita ambas trompetas, pero necesita saber cuándo suena cada una.
Las dos voces
en la iglesia de hoy
Cuando Pablo dice:
“Si la trompeta diere sonido
incierto…”
No está hablando de música. Está hablando de ministerio.
Está hablando de dones. Está hablando de voces espirituales. Está
hablando de mensajes que vienen de Dios, pero que deben ser discernidos
por el pueblo.
Y aquí debemos dejar clarísimo algo que no
debemos confundir
Pablo no está corrigiendo la diversidad de
ministerios, sino la confusión de voces dentro del mensaje.
5-La iglesia necesita ambas trompetas, pero necesita saber cuándo suena
cada una.
1. La trompeta afinada: la voz del maestro, del pastor, del predicador
La trompeta de plata —ḥaṣoṣeráh—
representa en la iglesia actual:
- la enseñanza clara,
- la predicación comprensible,
- la doctrina ordenada,
- la palabra que edifica,
- la voz que guía,
- la instrucción que organiza la vida
espiritual del pueblo.
Es la voz del ministerio didáctico.
Es la voz que Pablo exige en 1 Corintios 14:
“Palabra bien comprensible…”
Es la voz que, no improvisa
revelaciones: explica la Escritura.
Es la voz que, no despierta por
impacto: edifica por claridad.
Es la voz que no rompe estructuras: las
construye.
Es la trompeta que se afina, porque la enseñanza debe ser precisa, ordenada, comprensible.
La trompeta de plata —ḥaṣoṣeráh— era un instrumento fabricado, pulido,
trabajado, martillado. No se improvisaba. No
se tocaba sin preparación. No se levantaba sin propósito.
Así debe ser la enseñanza.
La trompeta afinada representa la voz del maestro, del predicador que se presenta ante el pueblo con un mensaje que ha sido:
· estudiado,
· meditado,
· ordenado,
· probado,
· clarificado,
· afinado ante Dios.
Porque la enseñanza no es ruido espiritual: es dirección.
La trompeta afinada exige dedicación, estudio y preparación
En el templo, ningún sacerdote tocaba la trompeta
sin haber sido formado. No era un sonido improvisado. No era un toque
emocional. No era un impulso del momento.
Era un sonido disciplinado,
entrenado, responsable.
Así debe ser la enseñanza hoy.
Hoy día se escuchan muchas
trompetas que no han dedicado tiempo a
afinarse ante la Palabra de Dios:
- mensajes sin estudio,
- predicaciones sin estructura,
- enseñanzas sin fundamento,
- voces sin preparación,
- sermones sin oración,
- palabras sin profundidad.
Son trompetas que suenan, sí… pero suenan inciertas.
Y Pablo dice:
“Si la trompeta diere sonido
incierto, ¿quién se preparará para la batalla?” (1 Cor 14:8)
Una trompeta no afinada confunde al ejército. Una enseñanza no preparada confunde a la iglesia.
-No es cuestión
de edad, ni de economía, ni de salud, ni de familia, es cuestión de llamado y
preparación.
Por eso Pablo exige:
“Palabra bien comprensible…” (1
Cor 14:9)
La enseñanza debe ser:
- precisa (sin
error doctrinal),
- ordenada (con
estructura espiritual),
- comprensible (con
claridad para el pueblo),
- edificante (con
propósito pastoral),
- responsable (con
dedicación y estudio).
La trompeta afinada es la voz del maestro que honra la Palabra dedicando tiempo a:
- estudiar,
- meditar,
- ordenar,
- afinar,
- preparar,
- profundizar.
Porque la enseñanza no es un sonido emocional: es
un sonido formado.
La trompeta afinada exige un maestro afinado
Un maestro no se afina en el púlpito. Se afina antes:
- en la Escritura,
- en la oración,
- en la meditación,
- en la disciplina,
- en la humildad,
- en la dedicación.
La trompeta afinada exige:
- tiempo,
- esfuerzo,
- responsabilidad,
- seriedad,
- temor de Dios.
Porque si el maestro no se afina,
su enseñanza tampoco se afina.
Y si la enseñanza no se afina, la
iglesia no se prepara para la batalla.
La trompeta afinada representa la voz del maestro
que se prepara, que se dedica, que se forma, que se
disciplina, que se afina ante Dios.
Porque la enseñanza no es un sonido improvisado:
es un sonido responsable.
Y hoy, más que nunca, la iglesia necesita trompetas afinadas, no trompetas ruidosas.
2. El shofar indomable: la voz del profeta, del despertador espiritual
El shofar representa en la iglesia actual:
- la profecía,
- la exhortación urgente,
- la corrección divina,
- la advertencia,
- el despertar espiritual,
- la voz que rompe la rutina,
- la intervención de Dios en momentos
críticos.
Es la voz del ministerio profético.
Es la voz que no se afina: se sopla tal como
viene.
Es la voz que no se programa: irrumpe cuando
Dios quiere.
Es la voz que no se domestica: si intentas
suavizarla, la matas.
Es la voz que no organiza: despierta.
Es la voz que NO explica: convoca.
Es la voz que no edifica por claridad: edifica
por impacto.
El shofar representa en la iglesia actual:
- la profecía,
- la exhortación urgente,
- la corrección divina,
- la advertencia,
- el despertar espiritual,
- la voz que rompe la rutina,
- la intervención de Dios en momentos críticos.
Es la voz del ministerio profético.
Es la voz que no se afina: se sopla tal
como viene.
Es la voz que no se programa: irrumpe
cuando Dios quiere.
Es la voz que no se
domestica: si intentas suavizarla, la matas.
Es la voz que no organiza: despierta.
Es la voz que no explica: convoca.
Es la voz que no edifica por
claridad: edifica por impacto.
Pero ahora debemos añadir la pieza que falta:
el respeto que Israel tenía por los profetas, y cómo ese respeto nace precisamente de que el
profeta es un shofar indomable.
6-RESPETO POR EL MENSAJE PROFETICO
1. Israel respetaba al profeta porque no era un cortesano
Los profetas no eran funcionarios del templo. No
eran sacerdotes de turno. No eran profesionales de la religión. No eran
cortesanos del rey.
Eran hombres y mujeres enviados por Dios, que
aparecían y desaparecían como el sonido del shofar: sin aviso, sin protocolo,
sin permiso humano.
Elías
No viene del templo. No viene de Jerusalén. No
viene de una escuela profética reconocida. Viene de Tisbé, un lugar que
nadie puede ubicar con certeza.
Su voz es shofar
puro:
“No habrá lluvia…” (1 Rey 17:1)
Y el pueblo tiembla.
Jeremías
Era sacerdote, sí… pero desterrado, marginado,
rechazado por el sistema religioso.
Su voz no es trompeta afinada: es shofar
que rompe estructuras.
“Mi palabra es fuego… y martillo
que quebranta la piedra.” (Jer 23:29)
Israel no podía ignorarlo. Su voz era demasiado
divina para ser silenciada.
Amós
Amós es el ejemplo perfecto del shofar indomable.
“No soy profeta ni hijo de profeta…
soy boyero y recolector de higos.” (Am 7:14)
No tiene título. No tiene escuela. No tiene
credenciales. No tiene formación cortesana.
Pero tiene voz. Y esa voz es shofar:
“Ruge el león… ¿quién no temerá?”
(Am 3:8)
Israel respetaba al profeta porque sabía que no hablaba desde sí mismo, sino desde el soplo de Dios.
2. El profeta no se afina porque no se forma en el templo
El maestro se forma. El predicador se prepara. El
pastor se disciplina. El sacerdote se entrena.
Pero el profeta… se recibe.
El profeta no se afina porque no es instrumento humano. Es instrumento
divino.
El shofar no se fabrica: se encuentra.
El profeta no se pule: se llama.
El profeta no se ajusta: se envía.
Por eso Israel tenía un respeto profundo: porque
sabían que el profeta era la voz de Dios irrumpiendo, no la voz del
templo funcionando.
3. El
profeta no es cortesano: es mensajero del Rey
Los cortesanos hablan para agradar
al rey. Los profetas hablan delante del Rey.
Los cortesanos afinan su discurso. Los profetas no pueden
afinarlo.
Los cortesanos buscan aprobación. Los
profetas buscan obediencia.
Por eso Israel temblaba cuando el profeta
hablaba: porque sabían que no era un sonido humano, sino shofar divino.
4. Aplicación al ministerio actual: el respeto por la voz profética
Hoy día, la iglesia corre dos peligros:
A. Despreciar la voz profética
Porque no viene con títulos. Porque no viene con
diplomas. Porque no viene con protocolo. Porque no viene con cortesanía.
Pero el shofar nunca vino con eso.
B. Intentar domesticar la voz profética
Suavizarla. Afinarla. Controlarla. Programarla.
Convertirla en trompeta de plata.
Pero si intentas afinar el shofar, lo rompes. Si
intentas domesticar al profeta, lo silencias. Si intentas suavizar la
revelación, la matas.
La iglesia necesita trompetas afinadas (maestros preparados), pero también
necesita shofares indomables (profetas despiertos).
Y necesita respetar la diferencia.
5. Conclusión: el profeta es el shofar de Dios
Israel respetaba al profeta porque sabía que:
- no era cortesano,
- no era funcionario,
- no era profesional,
- no era diplomático,
- no era afinado,
- no era domesticado.
Era shofar.
Era voz divina.
Era intervención.
Era despertar.
Era juicio.
Era liberación.
Era ruptura.
Y la iglesia actual debe recuperar ese respeto: porque sin shofar, la iglesia se duerme; sin trompeta
afinada, la iglesia se confunde.
3. Pablo no pide que suenen igual: pide que se distingan
Aquí está el corazón de la aplicación
ministerial:
La iglesia
necesita trompeta afinada y shofar indomable. Pero
necesita saber cuándo está sonando cada una.
Si el maestro intenta sonar como profeta,
confunde al pueblo.
Si el profeta intenta sonar como
maestro, pierde su filo.
Si la enseñanza se vuelve shofar, se vuelve
emocional pero no edificante.
Si la profecía se vuelve trompeta de
plata, se vuelve técnica pero no transformadora.
Por eso Pablo dice:
“Si la trompeta diere sonido
incierto…”
Es decir:
“Si el mensaje no se distingue, el
pueblo no sabe qué hacer.”
4. ¿Diversidad de ministerios o diversidad de voces dentro del mensaje?
Ambas, pero no de la misma manera
A.
Diversidad de ministerios (1
Cor 12)
1Corintios 12:5
Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo.
Pablo distingue:
- maestros,
- profetas,
- evangelistas,
- pastores,
- intérpretes,
- exhortadores.
Cada uno es una trompeta distinta.
B.
Diversidad de voces dentro del
mensaje (1 Cor 14)
1 Corintios 14:29-33
Reina-Valera 1960
29 Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen. 30 Y
si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero. 31 Porque
podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean
exhortados. 32 Y los espíritus de los profetas están
sujetos a los profetas; 33 pues Dios no es Dios de
confusión, sino de paz.
Como en todas las iglesias de los
santos,
1-VARIOS TIPOS DE VOCES. Esto implica que en una misma reunión, Dios puede hablar:
· por una voz,
· luego por otra,
· luego por otra.
Es diversidad dentro del mensaje, no solo diversidad de ministerios.
2-PUEDE HABER TROMPETA Y SHOFAR. Aquí Pablo describe un fenómeno
espiritual muy específico:
· Un predicador está hablando (trompeta).
· De pronto, Dios revela algo a otro (shofar).
· El primero debe callar porque el soplo cambió de dirección.
·
El predicador debe discernir cuándo Dios cambia
el viento.
· El oyente debe discernir qué voz está sonando.
· La iglesia debe reconocer que no todo mensaje es
igual.
Aquí Pablo está regulando la diversidad de voces dentro del mensaje,
no la diversidad de ministerios (que él trata en 1 Cor 12).
3-DEBE DISTINNGUIRSE
Incluso dentro
del ministerio de un predicador:
- hay momentos de trompeta afinada
(enseñanza),
- y momentos de shofar indomable (corrección,
despertar).
Pero no deben confundirse.
5. Aplicación práctica para la iglesia actual
La trompeta afinada debe sonar cuando:
- se enseña doctrina,
- se explica la Escritura,
- se guía al pueblo,
- se organiza la vida espiritual,
- se edifica con claridad.
El shofar indomable debe sonar cuando:
- Dios quiere despertar,
- Dios quiere corregir,
- Dios quiere advertir,
- Dios quiere romper estructuras,
- Dios quiere intervenir.
Ambas voces son del Espíritu. Ambas voces son
necesarias. Pero no son intercambiables.
6. Conclusión ministerial
En la iglesia actual:
- La trompeta afinada es la
voz del maestro: clara, ordenada, comprensible.
- El shofar indomable es la
voz del profeta: cruda, urgente, despertadora.
Pablo no pide
que suenen igual. Pablo pide que sepamos distinguirlas.
Porque cuando la iglesia confunde los sonidos:
- pierde dirección,
- pierde claridad,
- pierde discernimiento,
- pierde impacto,
- pierde edificación.
Pero cuando la iglesia distingue las voces:
- la enseñanza edifica,
- la profecía despierta,
- la doctrina organiza,
- la revelación transforma,
- y el pueblo camina en claridad espiritual.
Cuando la
iglesia confunde la trompeta y el shofar
En Israel, cada sonido tenía un propósito. La trompeta de
plata (ḥaṣoṣeráh) guiaba al pueblo con claridad: convocaba,
organizaba, instruía. Su voz era afinada, precisa, comprensible.
“Cuando las tocaren, toda la
congregación se reunirá…” (Núm 10:3)
El shofar, en cambio, irrumpía cuando
Dios intervenía: despertaba, advertía, estremecía, liberaba.
“Tocad shofar en Sion… porque viene
el día de JEHOVA.” (Joel 2:1)
Cuando la iglesia mezcla estos sonidos, pierde
dirección.
1. Cuando la enseñanza intenta sonar como profecía
El maestro abandona la claridad y se entrega a la
improvisación. La doctrina se vuelve emocional, el mensaje pierde forma, y el
pueblo queda sin instrucción.
Pablo lo describe así:
“Si por la lengua no diereis
palabra bien comprensible… hablaréis al aire.” (1 Cor 14:9)
La trompeta afinada no debe imitar el temblor del
shofar.
2. Cuando la profecía intenta sonar como enseñanza
El profeta suaviza el mensaje, lo organiza
demasiado, lo convierte en análisis en vez de advertencia. La voz profética
pierde filo y deja de despertar.
Amós lo sabía:
“Ruge el león… ¿quién no temerá?” (Am
3:8)
El shofar no se afina: si lo intentas, lo rompes.
3. Cuando la iglesia exige que todas las voces suenen igual
La diversidad de dones se aplana. El maestro
quiere profetizar, el profeta quiere enseñar, y nadie cumple su función.
Pablo corrige esta confusión:
“Hay diversidad de dones, pero el
Espíritu es el mismo.” (1 Cor 12:4)
Unidad no es uniformidad.
4. Cuando la emoción se confunde con profecía
El pueblo escucha intensidad y cree que es
revelación. Pero el shofar no es emoción: es intervención divina.
En Jericó, el sonido no fue sentimental: fue
decisivo.
“Cuando oigáis el sonido del cuerno
de carnero… el muro caerá.” (Jos 6:20)
La emoción no derriba murallas; la
voz de Dios sí.
5. Cuando la doctrina se confunde con profecía
Una enseñanza sólida puede parecer profética, pero
la profecía no explica: convoca.
En Sinaí, el shofar no enseñó: tembló.
“El sonido del shofar iba
aumentando en extremo…” (Éx 19:19)
La trompeta organiza; el shofar despierta.
6. Cuando el shofar se usa para funciones de trompeta
La profecía se usa para enseñar, dirigir o
estructurar. El resultado es confusión doctrinal y espiritual inestabilidad.
El shofar
nunca organizó el campamento. Su función era otra: interrumpir.
7. Cuando la trompeta se usa para funciones de shofar
La enseñanza intenta despertar, corregir o
advertir sin la unción profética correspondiente. El resultado es tibieza
espiritual.
La trompeta nunca anunció juicio.
Eso era tarea del shofar.
“¿Se tocará el shofar en la ciudad
sin que el pueblo se sobresalte?” (Am 3:6)
Conclusión narrativa
Cuando la iglesia confunde trompeta y shofar:
- la enseñanza pierde claridad,
- la profecía pierde poder,
- los dones pierden identidad,
- el pueblo pierde dirección.
Pero cuando distingue los sonidos:
- la trompeta edifica,
- el shofar despierta,
- la doctrina organiza,
- la profecía transforma,
- y el Espíritu habla con precisión.
DISCERNIR EL SOPLO DIVINO EN UN MENSAJE
(Cómo saber si Dios está soplando
trompeta o shofar)
1. Cuando Dios sopla trompeta: la voz que organiza instruye y edifica
La trompeta de plata —ḥaṣoṣeráh— siempre aparece cuando Dios quiere ordenar
al pueblo.
En el desierto, su sonido no estremecía: guiaba.
“Cuando las tocaren, toda la
congregación se reunirá…” (Núm 10:3)
Cuando Dios sopla trompeta en un mensaje:
- la mente se ilumina,
- la Escritura se abre,
- el corazón entiende,
- el pueblo recibe dirección,
- la doctrina se aclara,
- la confusión se disipa.
Es un soplo que organiza la vida
espiritual.
1-No hay sobresalto, sino comprensión.
2-No hay impacto emocional, sino luz.
3-No hay urgencia, sino claridad.
Pablo lo describe así:
“Palabra bien comprensible…” (1
Cor 14:9)
Cuando el soplo divino es trompeta, el mensaje edifica por claridad.
2. Cuando Dios sopla shofar: la voz que despierta, corrige y sacude
1-El shofar aparece cuando Dios interrumpe
la rutina.
2-En Sinaí, su sonido no explicó nada: tembló.
3-“El sonido del shofar iba aumentando en
extremo…” (Éx 19:19)
4-En Jericó, no enseñó doctrina: derribó.
“Cuando oigáis el sonido del cuerno
de carnero… el muro caerá.” (Jos 6:20)
4-En los profetas, no organizó el culto: advirtió.
“Tocad shofar en Sion… porque viene
el día de JEHOVA.” (Joel 2:1)
Cuando Dios sopla shofar en un mensaje:
- el corazón despierta,
- la conciencia tiembla,
- el pecado se revela,
- la rutina se rompe,
- la iglesia se sacude,
- el espíritu se despierta.
Es un soplo que interviene, no que
organiza.
1-No hay explicación, sino convocación.
2-No hay estructura, sino urgencia.
3-No hay análisis, sino impacto.
Cuando el soplo divino es shofar, el mensaje edifica por despertar.
3. Cómo discernir el soplo divino en un mensaje
(Tres señales que nunca fallan)
A. ¿Produce claridad o produce despertar?
La trompeta produce comprensión.
El shofar produce temblor.
Si el mensaje ilumina la mente → trompeta.
Si el
mensaje sacude el alma → shofar.
B. ¿Ordena o interrumpe?
La trompeta organiza.
El shofar interrumpe.
Si el mensaje estructura la vida espiritual → trompeta.
Si el mensaje rompe la rutina espiritual → shofar.
C. ¿Edifica por explicación o por impacto?
La trompeta edifica por claridad.
El shofar edifica por urgencia.
Si el mensaje explica la Escritura → trompeta.
Si el mensaje convoca al arrepentimiento → shofar.
4. Cuando Dios sopla en el púlpito
A veces, en medio de la predicación, el maestro
siente que el Espíritu cambia el viento. Lo que era enseñanza se vuelve
advertencia.
Lo que era explicación se vuelve corrección.
Lo que era trompeta se vuelve shofar.
Ese momento es santo.
No se programa. No se controla. No se doméstica.
Es Dios soplando.
Y el predicador debe discernirlo, no resistirlo.
Porque si intenta seguir enseñando
cuando Dios quiere despertar, la trompeta se vuelve incierta.
Y si intenta despertar cuando Dios
quiere enseñar, el shofar se vuelve confuso.
Discernir el soplo divino es obedecer el
sonido que Dios está produciendo.
5. Conclusión: el Espíritu decide el sonido, el ministro lo reconoce
El ministro no decide si Dios sopla trompeta o
shofar. El ministro discierne.
El Espíritu sopla:
- trompeta cuando quiere ordenar,
- shofar cuando quiere intervenir.
El ministro debe:
- reconocer,
- obedecer,
- no mezclar,
- no confundir,
- no forzar,
- no imitar.
Porque cuando el soplo divino se discierne, la
iglesia recibe dirección y despertar en el mismo Espíritu.
Un maestro no se afina en el púlpito. Se afina antes, en secreto, en disciplina, en
estudio, en oración.
Afinar la trompeta es honrar la Palabra.
1-El shofar no se fabrica: se encuentra. No se pule: se acepta. No se afina: se sopla tal como es.
2-Su sonido no se programa.
3-No se controla.
3-No se domestica.
El shofar aparece cuando Dios interrumpe:
· en Sinaí, para descender
“El sonido del shofar iba aumentando…” (Éx 19:19)
· en Jericó, para derribar
“Cuando oigáis el sonido del cuerno de carnero…” (Jos 6:20)
· en Yom Teruá, para despertar
“Memorial al son de teruá.” (Lev
23:24)
· en el Jubileo, para liberar
“Haréis pasar el sonido del shofar…” (Lev 25:9)
· en los profetas, para advertir
“Tocad shofar en Sion…” (Joel
2:1)
Guardar el shofar significa no tocarlo cuando Dios no
sopla.
Significa:
· no inventar profecías,
· no dramatizar revelaciones,
· no usar el shofar para enseñar,
· no convertir la advertencia en doctrina,
· no suavizar el juicio,
· no afinar lo que Dios quiere crudo.
Amós lo dijo con claridad:
“Ruge el león… ¿quién no temerá?” (Am 3:8)
El shofar se guarda porque es santo.
Se guarda porque es peligroso.
Se guarda porque es divino.
Se guarda porque no pertenece al hombre, sino al
soplo de Dios.
1-La trompeta exige trabajo humano. El shofar exige temor de Dios.
2-La trompeta se afina con estudio. El shofar se guarda con silencio.
3-La trompeta se toca cada día. El shofar solo cuando Dios interviene.
4-La trompeta organiza. El shofar despierta.
5-La trompeta explica. El shofar convoca.
6-La trompeta edifica por claridad. El shofar edifica por impacto.
Imagina al
ministro delante de Dios.
-En una mano, la trompeta de plata: recta, brillante, trabajada, afinada. Dios le dice: “Afínala. Estúdiala. Prepárala. Úsala para edificar.”
-En la otra mano, el shofar: curvo, áspero, indomable, impredecible. Dios le dice: “Guárdalo. Respétalo. No lo toques sin mi soplo.”
El ministro que afina la trompeta y guarda el shofar camina en discernimiento, predica con claridad, profetiza con temor, y sirve con obediencia.
Ese ministro no confunde sonidos. No mezcla
voces. No improvisa revelaciones. No diluye doctrina.
Ese ministro sabe que:
· la trompeta es su responsabilidad,
· el shofar es la intervención de Dios.
CUANDO DIOS SOPLA SHOFAR Y EL OYENTE LO EVALÚA COMO TROMPETA
(El conflicto entre la inspiración
divina y la percepción humana)
Imagina la escena.
El predicador está bajo un soplo divino. No está
enseñando. No está explicando. No está organizando.
Dios ha cambiado el viento. Lo que era trompeta
se ha vuelto shofar.
El mensaje ya no ilumina: despierta.
Ya no ordena: interrumpe.
Ya no explica: convoca.
Ya no edifica por claridad: edifica por
impacto.
Pero entre los oyentes hay uno que intenta evaluar
ese shofar como si fuese trompeta.
1. El oyente intenta entender lo que no fue dado para entender, sino para
despertar
Pablo lo describe con precisión:
“El hombre natural no percibe las
cosas que son del Espíritu… porque se han de discernir espiritualmente.” (1
Cor 2:14)
El oyente escucha un shofar, pero lo analiza como
trompeta:
- busca estructura,
- busca explicación,
- busca orden,
- busca claridad,
- busca lógica,
- busca doctrina.
Pero Dios no está enseñando. Dios está interrumpiendo.
El oyente no entiende… no porque el mensaje sea
confuso, sino porque no tiene el ministerio para discernir ese sonido.
2. El shofar no se verifica: se reconoce
Cuando Dios sopla shofar, el mensaje no se evalúa
por:
- claridad,
- estructura,
- orden,
- lógica,
- exposición bíblica.
Se evalúa por:
- impacto,
- temblor,
- despertar,
- urgencia,
- convicción.
El shofar no se “verifica” como trompeta. Se discierne
como shofar.
Por eso Amós dice:
“¿Se tocará el shofar en la ciudad
sin que el pueblo se sobresalte?” (Am 3:6)
1-El shofar no se entiende: se siente.
2-No se analiza: se reconoce.
3-No se explica: se obedece.
3. El oyente sin preparación espiritual confunde impacto con confusión
Esto también ocurre.
El predicador está bajo revelación. El Espíritu
está despertando. El mensaje está rompiendo estructuras.
Pero el oyente, sin madurez o sin ministerio,
piensa:
- “No entiendo.”
- “Esto no está claro.”
- “Esto no está ordenado.”
- “Esto no es lógico.”
- “Esto no es enseñanza.”
Y tiene razón… no es enseñanza.
Es shofar.
El problema no es el mensaje.
El problema es la expectativa del oyente.
Quiere trompeta cuando Dios está soplando shofar.
4. Esto también se da en partes del mensaje que el oyente no entiende
A veces el predicador está enseñando (trompeta), pero de pronto el Espíritu sopla shofar solo en un
fragmento:
- una frase,
- una advertencia,
- una corrección,
- una convicción,
- una interrupción divina.
Ese fragmento NO se entiende con la mente, sino
con el espíritu.
Pablo lo explica así:
“El espíritu del profeta está
sujeto al profeta.” (1 Cor 14:32)
El predicador sabe que Dios cambió el viento.
Pero el oyente no siempre lo percibe.
Para él, ese fragmento parece:
- confuso,
- brusco,
- inesperado,
- desordenado,
- fuera de tema.
Pero no lo es. Es shofar dentro de trompeta.
Y solo el que tiene oído espiritual lo reconoce.
5. El peligro: juzgar lo profético con criterios didácticos
Este es el error más común.
El oyente juzga el shofar con
criterios de trompeta:
- “No está claro.”
- “No está ordenado.”
- “No está explicado.”
- “No está estructurado.”
- “No está afinado.”
Pero el shofar no se afina.
Si lo intentas afinar, lo rompes.
Si lo intentas explicar, lo diluyes.
Si lo intentas ordenar, lo matas.
El shofar no es para entender: es para despertar.
6. Conclusión narrativa: dos soplos, dos percepciones
El predicador bajo inspiración divina puede estar
soplando shofar. Pero el oyente, sin ministerio o sin madurez, intenta
verificarlo como trompeta.
Resultado:
- el predicador siente resistencia,
- el oyente siente confusión,
- el mensaje pierde impacto para algunos,
- pero no pierde autenticidad ante Dios.
Porque el shofar no se evalúa por claridad, sino por urgencia.
No se mide por estructura, sino por convicción.
No se juzga por lógica, sino por temblor.
El que tiene oído espiritual lo reconoce.
El que no lo tiene, lo cuestiona.
Por eso Jesús dijo:
“El que tiene oídos para oír,
oiga.” (Mt 11:15)
No todos tienen oído para trompeta. No todos
tienen oído para shofar. Y no todos saben distinguir cuándo Dios cambia el
viento.
ENSEÑAR A LA IGLESIA A RECONOCER VOCES
(Cómo formar un pueblo que
distingue trompeta y shofar)
1. La iglesia aprende a reconocer voces cuando aprende a reconocer
propósitos
En Israel, cada sonido tenía un propósito.
La trompeta convocaba;
el shofar despertaba.
La trompeta organizaba;
el shofar advertía.
Pablo aplica esto a la iglesia:
“Cada uno según el don que ha
recibido…” (1 Cor 12:7)
La iglesia debe aprender que no todo mensaje
viene para lo mismo.
Cuando el pueblo entiende que Dios habla con propósitos
distintos, empieza a reconocer voces distintas.
2. La iglesia aprende a reconocer voces cuando conoce la Escritura
El oído espiritual nace de la Palabra.
Jesús dijo:
“Mis ovejas oyen mi voz…” (Jn
10:27)
Pero las ovejas oyen su voz porque conocen al
Pastor. Una iglesia bíblica reconoce:
- la voz que enseña (trompeta),
- la voz que corrige (shofar),
- la voz que convoca (trompeta),
- la voz que despierta (shofar).
La ignorancia bíblica produce confusión de
sonidos. La madurez bíblica produce discernimiento.
3. La iglesia aprende a reconocer voces cuando distingue impacto de
claridad
Este es el punto más práctico.
La trompeta produce claridad.
Ilumina.
Explica. Ordena. Estructura.
El shofar produce impacto.
Despierta.
Sacude. Convoca. Interrumpe.
Cuando la iglesia aprende a distinguir cómo la
Palabra le afecta, empieza a distinguir qué voz está hablando.
4. La iglesia aprende a reconocer voces cuando acepta la diversidad de
ministerios
Pablo lo enseña con fuerza:
“Hay diversidad de ministerios…” (1
Cor 12:5)
Una iglesia que exige que todos los predicadores
suenen igual nunca aprenderá a distinguir trompeta y shofar.
La diversidad ministerial educa el oído
espiritual.
Cuando el pueblo escucha:
- maestros,
- profetas,
- evangelistas,
- pastores,
- exhortadores…
aprende que Dios habla de muchas maneras y
que cada manera tiene su sonido.
5. La iglesia aprende a reconocer voces cuando deja de juzgar lo profético
con criterios didácticos
Este es el error más común.
El pueblo escucha un shofar y lo evalúa como
trompeta:
- “No está claro.”
- “No está ordenado.”
- “No está explicado.”
- “No está estructurado.”
Pero el shofar no se explica: se obedece.
Joel lo muestra:
“Tocad shofar en Sion… porque viene
el día de Jehova.” (Joel 2:1)
El pueblo no debía analizar el sonido. Debía responder.
Una iglesia madura sabe que:
- la trompeta se analiza,
- el shofar se discierne.
6. La iglesia aprende a reconocer voces cuando acepta que no todo se
entiende con la mente
Hay partes del mensaje que no se entienden por
falta de:
- preparación,
- madurez,
- ministerio,
- experiencia espiritual.
Pablo lo explica así:
“Las cosas espirituales se han de
discernir espiritualmente.” (1 Cor 2:14)
El pueblo debe aprender que:
- la trompeta se entiende,
- el shofar se percibe.
No todo lo que despierta se entiende. No todo lo
que sacude se explica.
7. La iglesia aprende a reconocer voces cuando se expone a ambas
Una iglesia que solo escucha trompeta:
- se vuelve intelectual,
- se vuelve ordenada pero dormida,
- se vuelve clara pero sin fuego.
Una iglesia que solo escucha shofar:
- se vuelve emocional,
- se vuelve intensa pero sin doctrina,
- se vuelve despierta pero sin dirección.
La iglesia
necesita ambas voces para tener:
- claridad,
- fuego,
- orden,
- despertar,
- doctrina,
- impacto.
Un pueblo con
oído espiritual
Imagina una iglesia donde el pueblo sabe
distinguir:
- cuándo Dios está enseñando,
- cuándo Dios está despertando,
- cuándo Dios está ordenando,
- cuándo Dios está interviniendo.
Una iglesia donde los oyentes no confunden:
- claridad con impacto,
- doctrina con profecía,
- enseñanza con advertencia,
- trompeta con shofar.
Una iglesia así no se pierde, no se
confunde, no se duerme, no se desordena.
Una iglesia así camina bajo el soplo del
Espíritu, reconociendo cada sonido, cada voz, cada intervención divina.
1 Tesalonicenses 4:16 “El Señor
mismo… descenderá del cielo… con voz de mando, con voz de arcángel, y con
trompeta de Dios.”
Pablo escribe en griego, y usa la palabra σάλπιγξ (salpigx), que significa “trompeta” en general.
Pero Pablo piensa como hebreo, no como griego.
Y para un hebreo, la expresión “trompeta de
Dios” no puede referirse a las trompetas de plata del templo (ḥaṣoṣerot), porque esas eran trompetas
humanas, tocadas por sacerdotes humanos.
La “trompeta de Dios” es la trompeta que Dios
toca. Y en toda la Biblia, la única trompeta que Dios toca es el shofar.
Cuando los profetas hablaron del Niño Jesús, hubo quienes no comprendieron, pero guardaron. María no discutió con el
misterio; lo abrazó en silencio. José no pidió explicaciones; obedeció en
sueños. Ambos entendieron que las palabras
del cielo no se analizan, se guardan.
“María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su
corazón.” (Lucas 2:19)
El shofar profético había sonado en Belén. Los pastores lo oyeron en forma de anuncio angelical, los magos lo siguieron como estrella, y los padres lo guardaron como promesa.
1. Guardar es creer sin comprender
Guardar no es entender; guardar es reconocer
que el sonido viene de Dios, aunque la mente no alcance su sentido.
“Y su madre guardaba todas estas
cosas en su corazón.” (Lucas 2:51)
El corazón es el santuario donde se deposita lo
que el Espíritu sopla. Allí se conservan las palabras que hoy parecen oscuras,
pero mañana serán luz.
2. Guardar es esperar el cumplimiento
El shofar profético no siempre anuncia lo
inmediato; a veces anuncia lo que vendrá. Por eso el creyente guarda, no
porque entienda, sino porque confía en el tiempo de Dios.
“La visión se apresura hacia el
fin… aunque tardare, espérala; porque sin duda vendrá.” (Habacuc 2:3)
Guardar es esperar sin desesperar, creer
sin ver, mantener sin entender.
3. Guardar es proteger lo santo del juicio humano
Cuando el shofar habla, algunos oyen ruido, otros
oyen revelación. Por eso el corazón debe ser arca, no tribunal. Guardar
es proteger la palabra de Dios de la crítica prematura.
“No despreciéis las profecías;
examinadlo todo, retened lo bueno.” (1 Tesalonicenses 5:20–21)
El que guarda no desprecia; discierne, espera, y
deja que el tiempo confirme lo que el Espíritu dijo.
4. Guardar es permitir que el sonido madure
Las palabras del shofar son semillas. No germinan
en el oído, sino en el corazón. El que guarda deja que el sonido se convierta
en fruto.
El shofar profético no se explica: se guarda.
Y el que guarda, verá su cumplimiento.
Desde hoy, cada oyente en una predicación o
enseñanza dentro de la iglesia deberá aprender a discernir las voces que Dios hace sonar en cada mensaje.
Porque en toda palabra del púlpito hay una parte doctrinal —la trompeta afinada que enseña,
ordena y edifica— y una parte profética —el shofar indomable que despierta,
corrige y convoca.
El creyente maduro sabrá reconocer ambas: la trompeta que ilumina la mente, y el shofar que sacude el corazón.
Y cuando el Espíritu sople palabras que aún no comprende, no las rechazará ni las juzgará con ligereza, sino que las guardará en su corazón, como María guardó las palabras que no entendía.
“María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su
corazón.” (Lucas 2:19)
Porque lo que hoy parece misterio, mañana será revelación. Lo que hoy suena como eco distante, mañana será cumplimiento. Y el que guarda, verá.
“Estas cosas no las entendieron sus discípulos al
principio; pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron…” (Juan 12:16)
Así, cada oyente aprenderá a guardar incluso aquello que aún no comprende, a retener lo bueno y rechazar solo lo que realmente sea malo, como enseña el apóstol:
“No despreciéis las profecías; examinadlo todo, retened
lo bueno.” (1 Tesalonicenses 5:20–21)
Desde hoy, el pueblo de Dios escuchará con discernimiento: la trompeta para aprender, el shofar para despertar, y el corazón para guardar.
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